viernes, 12 de mayo de 2017

PROTOCOLO PAS

Somos seres curiosos. Cuando hay una emergencia en la carretera nos da por caer en el efecto mirón y causamos verdaderos perjuicios a la fluidez del tráfico. Y cuando nos encontramos cara a cara con un coche que acaba de chocar, cuando nuestra ayuda es realmente necesaria, tenemos por lo general dos tipos de reacciones: o pasar de largo como si la cosa no fuera con nosotros, o lanzarnos al abordaje de la situación de manera precipitada y confusa, como si formáramos parte de un loco escuadrón de salvamento dirigido por los mismísimos hermanos Marx.
Ni una cosa ni la otra. Dejando de lado que la omisión del deber de socorro es un delito recogido en el artículo 195 del Código Penal, atender a un herido vial es un deber moral de cualquier persona. Sin embargo, a veces una mala ayuda puede ser el peor de los remedios, por lo que durante unos días vamos a dedicarnos en Circula Seguro a repasar cómo actuar en caso de emergencia, recordando qué hay que hacer en estas situaciones pero, sobre todo, explicando qué no hay que hacer cuando nos encontramos ante un siniestro vial. En esta primera parte, nos encargaremos del protocolo PAS (proteger-avisar-socorrer) y de su importancia a la hora de comportarnos en caso de emergencia.

“Lo primero es no causar daño”, reza la máxima de cualquier estudiante de Medicina, y eso es un detalle que debemos tener en cuenta todos cuando nos encontramos en el escenario de un siniestro vial. Lo primero es no causar daño, no incrementar la gravedad de las consecuencias del siniestro.
En ese sentido la tecnología nos ayuda con los elementos de seguridad terciaria, aquellos que evitan que se agraven las consecuencias de la colisión. Sin embargo, al atender a los heridos, a menudo nos precipitamos y actuamos de una manera que puede ser incluso perjudicial. Para muestra, un dato. Se calcula que un 10% de las lesiones medulares se deben a una desafortunada decisión por parte de las personas que atendieron al herido vial antes de que este llegara al centro hospitalario.
Pero la solución tampoco consiste en pasar de largo con la excusa de que es mejor no hacer nada. Es una reacción comprensible cuando uno no sabe qué hacer y teme agravar las consecuencias del siniestro. Sin embargo, un truco mental que nos puede ayudar es pensar: “lo peor ya ha ocurrido y yo no he sido el responsable, así que voy a hacer hasta donde pueda”. De hecho, nadie le va a exigir a alguien que presencia un siniestro vial que haga más de lo que puede.
Precisamente, para evitar problemas a la hora de actuar en caso de emergencia, contamos con un protocolo que nos ayuda a establecer el orden en que debemos realizar nuestras acciones. Es una pauta que deberíamos interiorizar por dos motivos: el primero es que el conocimiento sobre qué hay que hacer y qué no hay que hacer nos dará serenidad a la hora de tomar decisiones, y el segundo es que este protocolo de actuación, bien empleado, da espléndidos resultados.


PAS: proteger, avisar, socorrer

Para actuar de manera ordenada, tenemos el protocolo de actuación PAS, de las siglas que significan lo siguiente:
  • Proteger
  • Avisar
  • Socorrer

Y para una acción realmente coordinada y eficaz, es imprescindible que este protocolo se lleve a cabo exactamente en ese orden: P-A-S, y no SPA ni SAP, que suelen ser las operativas que se suelen adoptar espontáneamente y que obtienen el fracaso como respuesta. Además, las que marca el protocolo PAS son acciones que a veces se pueden llevar a cabo de manera simultánea si hay varias personas dispuestas a ayudar y siempre dependiendo de sus propias capacidades. En casos así, es positivo que uno de los presentes, a poder ser una persona con conocimientos de primeros auxilios, desempeñe el papel de líder del grupo y reparta las tareas que hay que realizar.

Proteger


Lo primero es protegernos a nosotros mismos. De nada vale un auxiliador atropellado, y eso es algo que en muchos casos se nos olvida cuando, empujados por las prisas de ayudar cuanto antes, saltamos del coche y nos lanzamos a la carretera sin recordar que, al menos en vías interurbanas, debemos hacer uso del chaleco y caminar con cuidado e invadiendo la calzada sólo lo que sea estrictamente necesario porque, como ya explicamos en una ocasión, el chaleco nos hace visibles, pero no inmortales.
A continuación debemos proteger la zona afectada por el siniestro. Si señalizamos la zona de manera adecuada, empleando las luces de emergencia, y las de posición cuando sea necesario, y situando los triángulos de preseñalización de peligro para que sean visibles a 100 metros de distancia, daremos pie a que el resto de los conductores tomen medidas para evitar colisionar contra nosotros. También debemos proteger el vehículo o los vehículos siniestrados cortando el encendido, retirando las llaves de los vehículos y evitando fumar en la zona del siniestro. Finalmente, proteger significa también velar por que el resto de los conductores no avancen y se vean involucrados en una nueva colisión, y significa también pedirles colaboración si su ayuda nos es necesaria, aunque debemos evitar por todos los medios que se acumule gente a nuestro alrededor que en realidad no haga nada.
Proteger la zona avisando con gestos a los conductores de los vehículos que siguen circulando es una labor que bien puede desempeñar… una persona aprensiva, por ejemplo.

Avisar


Mientras hemos protegido la zona, habremos tenido tiempo de hacer una recopilación de datos que vamos a emplear para dar aviso al 112, número de teléfono único para toda Europa de los servicios de emergencia al que podemos llamar incluso aunque no conozcamos el PIN de un móvil e incluso aunque nuestra operadora no tenga cobertura en el lugar en el que nos encontramos.
Las personas que nos atenderán están acostumbradas a esas situaciones, pero nosotros debemos ofrecerles información veraz para que su tarea sea lo más eficiente posible, ya que de cómo lo hagamos puede depender que la asistencia llegue pronto y con medios suficientes. Debemos informar al 112 de los siguientes aspectos:
  • Lugar del siniestro, que incluye el nombre de la calle o carretera, el sentido de la circulación, el punto kilométrico, etcétera. Cuanto más precisos seamos, más fácil será localizar nuestra ubicación. Hay que tener mucho cuidado con topónimos duplicados o con aquellos que puedan dar pie a equívocos, como si existe un “Villatal de Arriba” y un “Villatal de Abajo”, para entendernos, y puede ser de utilidad dar referencias del lugar como una fábrica conocida o un lugar popular en la zona.
  • Número de heridos y su estado de gravedad apreciado en una primera evaluación, en función de si respiran y cómo lo hacen y de si responden o no a estímulos: desde un pellizco hasta una pregunta sencilla. Hay que verificar, incluso usando linternas, que en el interior de los vehículos no ha quedado nadie sin contabilizar o que no ha caído por un terraplén, por ejemplo. No sería la primera vez que nadie se percata de que hay un niño herido que queda oculto en el suelo del vehículo. También conviene informar sobre si hay personas atrapadas o si las posibles lesiones que tienen sugieren la participacion de equipos de rescate.
  • Datos adicionales, como la presencia de un camión que transporta mercancías peligrosas, por ejemplo, o el hecho de que alguno de los que están presentes tiene conocimientos de socorrismo y primeros auxilios.
  • Nombre y teléfono de contacto, por si hay dificultades para encontrar el lugar o por si necesitan más información.
Y, sobre todo, nunca colgaremos el teléfono hasta que nos lo pidan desde el otro lado de la línea.
Avisar al 112 es una labor que bien puede desempeñar… una persona metódica, por ejemplo.

Socorrer


Aquí es donde nos vamos a detener más, ya que es donde más problemas de seguridad terciaria nos podemos encontrar. Existe una larga lista de cosas que no deberíamos hacer jamás y algunas labores que cualquier persona con un mínimo de serenidad puede realizar sin una formación específica, sólo teniendo presentes algunas pautas generales para evitar el empeoramiento de la situación.


CARTEL PAS

TRIPTICO


BUQUE HOSPITAL

Un buque hospital es un barco diseñado para servir principalmente como instalación de tratamiento médico u hospital, siendo operado en la mayoría de los casos por personal militar.
Durante la Primera y Segunda guerras mundiales, algunos transatlánticos fueron adaptados para usarse como buques hospitales. El RMS Aquitania y el HMHS Britannic fueron algunos de ellos.



Los barcos hospitales modernos lucen grandes cruces rojas para gozar de la protección de las Convenciones de Ginebra bajo la legislación bélica.


Régimen jurídico

Los barcos hospitales están amparados bajo la X Conferencia de la Haya de 1907. El artículo cuarto de la Convención esbozó las restricciones existentes para los buques hospital en tiempos de guerra:
  • El buque debe estar claramente identificado como barco hospital.
  • El buque deberá proporcionar asistencia médica al personal herido de cualquier nacionalidad.
  • El buque no será utilizado para fines militares.
  • Los buques no interferirán u obstaculizarán a los navíos enemigos.
  • La Convención de la Haya podrá autorizar que naciones beligerantes registren cualquier buque hospital para investigar posibles violaciones de las restricciones arriba señaladas.
Si se viola cualquiera de las restricciones el buque será catalogado como unidad combatiente enemiga y hundida. Sin embargo, abrir fuego contra un buque hospital que cumpla con las regulaciones podrá ser juzgado como un crimen de guerra.



AVION MEDICALIZADO


Aviones medicalizados
Introducción
Prácticamente no se encuentran disponibles aviones medicalizados, pero sí existen compañias aéreas que permiten traslados asistidos al proporcionar el equipamiento básico para realizarlo, como es la central de oxígeno y la instalación de camilla. Los aviones se encuentran generalmente presurizados, o sea, mantienen una presión en cabina adecuada independientemente de la altura de vuelo. Con frecuencia se utilizan aviones de pequeña capacidad que, sin embargo, permiten un desenvolvimiento adecuado a bordo.
Cualquier avión, incluidos los de línea regular, al que se le instalen los elementos modulares diagnósticos y terapéuticos, pueden ser utilizados para traslado asistido.

El avión es el medio de transporte de elección para largas distancias debido a su gran autonomía, radio de acción y velocidad; presentando como inconvenientes fundamentales la necesidad de aeropuertos fijos y un muy elevado coste. Para soslayar en parte estos inconvenientes, pueden utilizarse aviones tipo Stoll, los cuales permiten tomar tierra en espacios cortos, presentando mayor accesibilidad. Son idóneos en situaciones de catástrofes para trasladar personal y material, así como, para intervenir en las norias de evacuación. En este sistema de aviación, se ha de valorar adecuadamente los efectos derivados de la altura de vuelo al ser aeronaves no presurizadas.





FISIOPATOLOGIA DEL TRANSPORTE AEREO

Los pacientes que más se benefician del transporte aéreo son los que precisan estabilización precoz "in situ" o/y tratamiento definitivo en los Centros de Referencia, ya que el medio aéro lo posibilita con mayor ventaja que el terrestre.
En el transporte primario no está justificado el uso de helicópteros si la crona no se reduce significativamente con respecto a la respuesta en UVI-movil terrestre. El factor determinante es el acortamiento del intervalo de tiempo hasta la instauración del tratamiento preciso en la escena y/o hasta la estabilización y evacuación al Centro competente . El mecanismo lesional, las condiciones del paciente, la localización del incidente, la distancia al Centro competente, las condiciones atmosféricas, los recursos locales y los costos, son algunos de los factores que intervienen en la decisión de realizarlos.
No debe potenciarse un uso indiscriminado del transporte aéreo, ya que, además del elevado coste y los riesgos inherentes a este servicio, no aporta beneficios a la mayoría de los pacientes, si bien, la utilización del Servicio de Helicópteros puede proporcionar considerables beneficios a pacientes seleccionados.

En principio, estará indicado el transporte aéreo de pacientes críticos, entre ellos, los traumatizados graves, los neonatos y los pacientes cardiacos, sobre todo, cuandos e encuentran en áreas rurales distantes de un centro hospitalario de referencia.
En cuanto a los grandes traumatizados, el transporte aéreo primario o secundario, no ofrece dudas, empero, el siempre cuestionado uso rutinario de helicópteros, lo es en mayor medida en pacientes con patologías cardiovasculares.
NORMAS DE SEGURIDAD EN EL TRANSPORTE EN HELICOPTERO
Todo el personal que, de una manera u otra, tenga que entrar en contacto con helicópteros, debe observar una serie de medidas básicas de seguridad en evitación de un accidente secundario.
Normas en la aproximación a un helicóptero:
- En las zonas próximas a la aeronave no se permitirá fumar.
- La aproximación debe realizarse una vez finalizadas las maniobras de aterrizaje.
- Precaución con el rotor de cola. El acercamiento al helicóptero se realizará por la parte delantera, dentro del campo visual del piloto. El cumplimiento de esta norma impedirá la existencia de dramáticos accidentes.
- El abordaje de la aeronave tiene que realizarse agachado, evitando llevar elementos verticales, tales como palos de sueros o similares, que puedan ser contundentemente golpeados por palas del rotor principal. Asimismo, cuando el helicóptero toma tierra en pendiente, el acercamiento o alejamiento a éste se realiza por la zona más declive.
- Las vestimentas, sábanas isotérmicas, pequeño material y otros elementos accesorios deberán llevarse adecuadamente sujetos para impedir que sean peligrosamente lanzados por las corrientes de aire producidas por las palas en movimiento.
Normas de seguridad a bordo:
- La sujección del paciente a la camilla tiene que realizarse en todo momento, tanto en el embarque y desembarque como durante el vuelo.
- Cuando vayamos a realizar una desfibrilación, hay que indicárselo al piloto, al objeto de que fije el instrumental de vuelo.
- No bajar hasta no recibir la indicación del piloto.
- En todo caso, siempre seguir las instrucciones dadas por la tripulación.


jueves, 11 de mayo de 2017

¿Qué hacer ante un accidente de moto?

Actuación en un accidente de moto.

Seria interesante leer el blog de mi compañero Alfonso habló sobre el protocolo PAS (Proteger, Avisar, Socorrer) para poder prestar nuestra ayuda de la mejor forma posible, no está de mas que echemos un vistazo por si alguna vez nos encontramos con un accidente de moto.

Una vez realizada la vista al blog de Alfonso, seguimos con la actuación ante un accidente de moto.

Lo primero que tenemos que hacer es tratar al motorista como politraumatizado.

1. VALORACIÓN PRIMARIA: identificar aquellas situaciones que supongan una amenaza inmediata para la vida, control y reconocimiento de los Signos Vitales (consciencia, respiración, pulso).


2. VALORACIÓN SECUNDARIA: nos indicará el resto de lesiones o síntomas que presenta (examen completo y sistemático de cabeza a pies)


Técnica de retirada del casco de un paciente traumatizado en decúbito supino.

Para la retirada del casco a un motorista accidentado son necesarias dos personas adiestradas en este procedimiento. La técnica es la siguiente:


1º) RESCATADOR A: Se aplica estabilización manual en maxilar inferior (mandíbula). Es importante abordar al paciente desde atrás para evitar que a nuestra llamada ''gire'' indebidamente el cuello.



El rescatador B levanta la visera para comprobar el estado del paciente comprobando la vía aérea, observando la presencia de objetos extraños y comprobar si respira. Comprobaremos también el estado de consciencia y la respuesta pupilar.



2º) El Rescatador B: Suelta la correa, coloca una mano en el ángulo de la mandíbula, el pulgar a un lado e índice y medio al otro. 



Con la otra mano aplica presión sobre zona occipital.



 3º) RESCATADOR A: retira el casco salvando orejas y nariz por pequeñas angulaciones.


El rescatador B sigue con la estabilización cervical.



4º) Una vez quitado el casco, el rescatador A se hace cargo de la tracción sobre las orejas, mientras que el rescatador B coloca el collarín cervical.


Debemos hacer gran hincapié en la estabilización cervical, la cual siempre debe estar controlada (control cervical permanente). Atenderemos las indicaciones del rescatador que esté en la cabeza.



martes, 21 de marzo de 2017



¿Qué  hacer ante un ictus?

¿Qué hacer ante la sospecha de Ictus?
¿Qué hacer?
En ocasiones, el paciente con ictus debe ser intervenido quirurgicamente, en unos pocos casos, al igual que algunas enfermedades que causan infartos cerebrales. Entre estos últimas la principal intervención se denomina endarterectomía carotídea, que consiste en la limpieza quirúrgica de la arteria  carótida enferma. En los últimos años, además de quirúrgicamente, las arterias pueden ser tratadas mediante otras técnicas, como la denominada angioplastia carotídea. En esta última, el especialista introduce un catéter con un balón de dilatación en la arteria lesionada con el fin de ensanchar su zona de mayor estrechamiento. Tanto la intervención quirúrgica como la angioplastia deben ser realizadas por especialistas que acrediten que las complicaciones de la  intervención serán inferiores al riesgo estimado si sólo se aplica un tratamiento médico.



ejercicio



Prevenir el ictus haciendo ejercicio: un estilo de vida sedentario es un factor de riesgo de múltiples enfermedades vasculares. Ademas, un buen estado físico ayuda notablemente a la recuperación en caso de sufrir un ictus.




¿El ictus puede repetirse?
 

La arterioesclerosis es una enfermedad crónica, y los síntomas clínicos pueden repetirse con el paso del tiempo. El riesgo de repetetición de un ictus depende de la causa primaria de la enfermedad, de los genes de cada individuo, y del buen cumplimiento por el paciente del tratamiento recomendado por el especialista para evitar la recurrencia. Por ello, es muy importante mantener de forma indefinida la medicación y los cambios de estilo de vida recomendados en cada caso. En la actualidad, no hay marcadores fiables del riesgo de recaída de cada paciente, por lo que todos deben ser tratados atendiendo a esta posibilidad.

Una de las principales causas de incapacidad que existen en nuestro país y en muchas partes del mundo es hoy el Accidente Cerebro-Vascular, o mejor conocido por sus siglas como ACV.
Dada la gravedad de las secuelas que produce, neurológica y físicamente hablando, es importante reconocer cuáles son las primeras manifestaciones y actuar con suma rapidez.
Antes de ver qué debemos hacer ante la posible existencia de un ACV, es importante dar detalles sobre este evento de la salud. Más que nada por la alta posibilidad de que algún familiar sufra esto, o algún conocido y debamos ser los encargados de administrarles primeros auxilios.

 

Tipos de ACV

Es importante saber que un ataque o accidente cerebro-vascular es una lesión cerebral aguda, que aparece de forma súbita y se ocasiona por diferentes alteraciones de los vasos sanguíneos del cerebro. Debajo veremos los principales tipos de ACV que existen:
dolor de cabeza

ACV isquémico

Este tipo de ACV ocurre cuando un coágulo sanguíneo bloquea una de las arterias que irrigan al cerebro, así se provoca la muerte del tejido cerebral, lo que se conoce como infarto cerebral, por insuficiencias de oxígeno y de otros nutrientes esenciales.

Ataque isquémico transitorio – AIT

En este caso, el accidente se manifiesta de forma brusca pero desaparece rápidamente. Para que eso ocurra se necesita que el suministro de sangre se detenga por unos segundos, dejando una parte del cerebro sin irrigación. Sus señales son las mismas que las del ACV propiamente dicho, pero con menor duración, aunque pueden reiterarse.

ACV Hemorrágico

Este tipo de ACV puede darse de dos maneras:
  1. Hemorragia intraparenquimatosa o intracerebral, donde se da la ruptura de un vaso sanguíneo del cerebro.
  2. Hermorragia subaracnoidea, que se da por la ruptura de un vaso sanguíneo en el espacio subaracnoideo.
Es un evento que suele darse por aumento brusco de la presión arterial, conocida como crsisi hipertensivas, o bien por traumatismos en el cráneo o  por abuso de ciertas drogas como la cocaína.
 

¿Cómo detectar un ACV?

Gracias a la existencia de una asociación en el país en lucha para disminuir este mal que ataña hasta los más jóvenes, vemos que la Asociación Argentina de Ataque Cerebral ha recomendado saber la regla de las “5C”, que ayudan a mejorar la identificación temprana de un potencial ACV.
Las cinco señales, reglas o síntomas previos a un ACV son:
  1. Cuerpo: debilidad o adormecimiento en un brazo, pierna o mitad de la cara.
  2. Confusión: dificultades para hablar o entender.
  3. Ceguera: visión borrosa o pérdida de visión en un ojo o ambos.
  4. Caminata: dificultades para mantener el equilibrio o desplazarse.
  5. Cabeza: dolores intensos y repentinos de cabeza.
Ante cualquiera de estos síntomas, o bien, una mezcla de ellos, el tiempo que tenemos para actuar es mínimo por lo que se debe intervenir de inmediato para tener una chance de revertir o minimizar los daños.
masajes en la cabeza

¿Cómo proceder ante la posibilidad de un ACV?

Aquí hay que saber bien qué cosas debemos hacer y cuáles debemos evitar por completo. Muchas veces se hacen cosas que empeoran la situación así que como seremos los que vamos a estar parados para darle la asistencia de primeros auxilios, debemos saber estos siguientes dos grupos de cuestiones importantes.

Cosas que no debemos hacer

  • No debemos perder el tiempo tratando de calmar este tipo de señales (las “5C”) como la parálisis, o el adormecimiento si es que ya se sospecha que puede ser un ACV.
  • No ofrecer nada de alimento o bebida a la persona que pueda estar teniendo un potencial ACV.

Cosas que sí debemos hacer

  • Observar las señales para determinar si se cumple alguna o varias de las señales indicadas anteriormente.
  • Activar un sistema de emergencias médicas para que el socorro llegue lo antes posible.
  • Si la víctima aún está consciente, debemos acostarla boca arriba y desabrochar todas sus prendas de vestir para que repose tranquilamente.
  • En el caso de que la persona no responda o vomita estando consiente, debemos colocarla en posición lateral de seguridad (ver explicación aquí).

Medidas preventivas para evitar el ACV

Aquí también separaremos en 2 partes entre lo que debemos y no debemos hacer, aunque pesa más lo que tenemos que hacer que lo evitable.

Cosas que no debemos hacer para prevenir un ACV

  • No debemos fumar.
  • Evitar abusar del alcohol.
  • No automedicarse.

Cosas que tenemos que hacer para evitar un ACV

  • Mantener un peso saludable según nuestra contextura.
  • Efectuar actividad física diaria, de al menos 30 minutos (este sería uno de los motivos que mencionábamos en la nota de ¿Para qué hacer ejercicio? que pueden ver acá).
  • Llevar una dieta equilibrada, que no tenga alto contenido de grasas.
  • Controlar la presión arterial con frecuencia así como los niveles de glucosa y colesterol en sangre.
  • Realizar un control médico anual (cada 6 meses ya avanzados en edad).
  • Si un médico nos da instrucciones para medicarnos, respetarlo.
Con todos estos consejos, seguramente ya esté más preparado por si tiene algún pariente hipertenso, o sabe de algún conocido que ha sufrido ACV anteriormente. Sin embargo, estamos abiertos a escuchar experiencias para ver cómo debemos actuar ante un Accidente Cerebro-Vascular, puedes dejarnos tu comentario explicándonos cómo te sientes y de qué manera enfrentarías estos problemas.
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